domingo, 7 de febrero de 2016

Leer para escribir – Truman Capote – La fuerza de la perturbación





“Suponga que usted se pasa una semana comiendo sólo manzanas. Indiscutiblemente usted agota su apetito por las manzanas y sin duda alguna sabe cuál es su sabor. Cuando yo me pongo a escribir un cuento, tal vez ya no sienta ningún hambre de ese cuento, pero considero que conozco perfectamente su sabor.”

                                                                                                          T. C.




Capote es un maestro del cuento, que trabaja cada detalle; algunos de sus aspectos los aplica también a la novela: la intensidad, la tensión y el desenlace eficaz. Sus personajes, por lo general, son seres que dudan, están marcados por un patético destino y participan de situaciones inquietantes. Para crear las atmósferas apropiadas, Capote recurre a menudo al registro lírico.


1  El dominio del clímax

Capote domina la técnica del cuento. Para comprobar si un cuento es realmente válido, al acabarlo se pregunta si podría imaginárselo en una forma diferente o le resulta absoluto y definitivo.
Buena parte de sus textos narrativos rozan la frontera entre lo perverso y lo posible. En la mayoría de sus cuentos, el momento culminante es el producto de la zozobra generada por este límite tanto en el personaje como en el lector. Para conseguir esta atmósfera, Capote apela a indicios, personajes singulares, acciones mínimas y precisas, que no tienen una motivación clara. Así, nos encontramos con sonidos extraños que se aproximan, situaciones desagradables imposibles de evitar, locos cuerdos, ambientes inhóspitos: la amenaza como constante nudo productor.

Ejemplo:
Era todo el dinero que le quedaba, pero no le importó tener que caminar sola a casa. Los montones de nieve parecían olas de un mar blanco: avanzaba sobre las olas, impulsada por vientos y mareas lunares. No sé lo que quiero, y tal vez nunca lo sepa, mi único deseo ante cada estrella será ver otra estrella. No estoy asustada, pensó, de verdad que no. Dos muchachos salieron de un bar y se la quedaron mirando. En un parque, hacía mucho tiempo, había visto a dos muchachos que tal vez fueran los mismos. No estoy asustada, de verdad que no, pensó escuchando las pisadas que le seguían con un crujir de nieve.
Profesor Miseria

2  El final sugerente

Un elemento coincidente en las narraciones de Capote, es la eficacia del final. Más que por ser inesperado, porque provoca el deseo de seguir leyendo. Cuando se trata de novelas, como A sangre fría o Plegarias atendidas, entre otras, no emplea la división en capítulos, sino en fragmentos. Lo mismo hace en algunos cuentos, y el final de cada fragmento es conciso y sugerente.
Veamos dos finales de Cierra la última puerta:
  1. “Dentro de nosotros revolotea algo llamado ‘alma’: ‘morir no es moriri, visir no es vivir’, ¿y encima deseas saber si te amo? No seas tonto, Walter, ni siquiera somos amigos…”.
  2. “Entonces metió la cabeza en la almohada, se tapó los oídos con las manos y pensó: no pienses en nada, piensa en el viento.”

3  La caracterización del personaje

Los personajes de Capote son seres infelices. Los caracteriza a través de determinados procesos internos que los ocupan. Lo consigue apelando frecuentemente a la anormalidad, a la locura, a la ambigüedad y, como mecanismo eficaz , a la duda que los hace más creíbles.

Ejemplo:
“A diferencia de Perry, no tenía la certeza de que un espejo roto significara siete años de mala suerte, ni que contemplar la luna nueva a través de un cristal presagiara desgracias. Pero Perry, con sus agudas e irritantes intuiciones, había dado de lleno en una de las recurrentes dudas de Dick. (…) Después de todo, era ‘doloroso’ imaginar que uno podía ser ‘un anormal’, especialmente si de ser anormal uno no tenía la culpa sino que se era ‘algo con lo que ya se nació’. No había más que fijarse en su propia familia.”



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