La lírica tradicional es
una vía de experimentación poética tan significativa como muchas otras.
Asociamos oda con canto. De hecho, para los griegos era un poema cantado. Para los latinos y para la literatura moderna, la oda es un poema lírico sin
acompañamiento musical.
El yo del poema dialoga
con un tú que ocupa el lugar del mundo objetivo. Hay una íntima correspondencia
entre el yo y su desdoblamiento.
Por otra parte, en la
actitud lírica que denominamos oda, el mundo interno y el externo aparecen
amalgamados.
Variantes de la oda
Los
subgéneros de la forma oda se dividen en: oda, himno, madrigal, sátira y
elegía.
Oda:
Significa
canto y es una composición que formalmente adopta la forma de la lira, aunque
también se emplea la estrofa libre en heptasílabos y en endecasílabos. En ella
el poeta muestra su entusiasmo ante algún hecho religioso o heroico o ante la
vida tranquila del campo, como la que mostramos a continuación de Fray Luis de
León:
¿Y dejas,
Pastor santo,
tu grey en este
valle hondo, oscuro,
con soledad y
llanto,
y Tú,
rompiendo el puro
aire, te vas
al inmortal seguro?
Himno:
En
el himno, el poeta expresa sentimientos sublimes. Canta en torno a sentimientos
políticos, civiles, deportivos, religiosos…
El
himno se divide en tres variantes: ditirambo, epinicio y salmo:
- el ditirambo se cantaba
en las fiestas,
- el epinicio es un himno
dedicado a los atletas,
- el salmo es un himno
religioso. Como la Biblia
por ejemplo.
A
continuación un ejemplo de himno de Fernando de Herrera:
Cantemos al
Señor, que en la llanura
venció del
ancho mar al Trace fiero;
tú, Dios de
las batallas, tú eres diestra,
salud y gloria
nuestra.
Madrigal:
Al
madrigal es un poema breve de tipo amoroso. Es de origen italiano y está
formado por endecasílabos y heptasílabos de rima libre.
Ejemplo:
Ojos claros,
serenos,
si de un dulce
mirar sois alabados,
¿por qué, si
me miráis, miráis airados?
Si cuanto más
piadosos,
más bellos
parecéis a aquel que os mira,
no me miréis
con ira,
porque no
parezcáis menos hermosos,
¡Ay tormentos
rabiosos!
Ojos claros,
serenos,
ya que así me
miráis, miradme al menos
Gutierre
de Cetina.
Sátira:
La
sátira es un poema que censura vicios y defectos o se burla de alguien.
A
continuación transcribimos la sátira de Lope de Vega donde hace una satírica
descripción de Madrid
Lugar de
tantos cuidados
que se dan y
se reciben;
lugar donde
tantos viven
envidiosos y
envidiados.
También
mostramos otro ejemplo del poeta Francisco de Quevedo:
Érase un
hombre a una nariz pegado,
érase una nariz
superlativa,
érase una
alquitara medio viva,
érase un peje
espada mal varado;
era un reloj
de sol mal encarado,
érase un
elefante boca arriba,
érase una
nariz sayón y escriba,
un Ovidio
Nasón mal narigado.
(…)
Elegía:
La
elegía sirve al poeta para expresar el dolor que siente ante una desgracia.
Etimológicamente significa “llanto”, procede de las ceremonias fúnebres o de
las acciones de gracia hechas por los fieles.
Generalmente
parten de la muerte de una persona para pasar a reflexionar sobre la muerte.
Recordemos
la famosa elegía de Jorge Manrique:
Recuerde el
alma dormida,
avive el seso
y despierte,
contemplando
cómo se pasa
la vida,
cómo se viene
la muerte,
tan callando…
Apropiarse de la oda
Apropiarnos
de la oda, como de todos los materiales literarios existentes, es otro modo de
incitación a la escritura.
Podemos
trabajar tanto con la oda propiamente dicha como con cualquiera de sus
variedades.
Se
trata de no leer los poemas de este tipo, escritos por diferentes autores, como
algo lejano o ajeno, sino como un material con el que se pueden establecer
nuevas relaciones y escribir a partir de ellos otra cosa.
Veamos
alguna posibilidad a partir, por ejemplo, de un madrigal:
En
primer lugar, y es un método útil para aplicar con cualquier tipo de texto, se
copiará en madrigal tratando de “sentir” qué palabras nos “penetran” con más
ímpetu, con más reverberaciones. Separar esas palabras apuntándolas en columna,
será e primer paso para reconstruir en madrigal. Luego, respetar la condición
fundamental: que sea breve y esté compuesto por versos endecasílabos y
heptasílabos dispuestos libremente.
Pero
las palabras extraídas se integrarán en el nuevo contexto.
La
ventaja de este método es que mientras leemos nos apropiamos de un vocabulario
y de un ritmo no comunes para incorporar a nuestro propio estilo.
Ejemplo:
Con
el madrigal citado en este mismo apartado trabajaremos de la siguiente manera:
Las
palabras “sentidas”:
ojos
alabados
airados
piadosos
bellos
ira
menos
El
texto resultante, utilizando rima libre:
No tienes
tontos ojos,
ni alabadas
pestañas traicioneras,
ni son rojos
tus antojos airados.
Si tuvieras
los ojos que me miran,
Roja no te
vería.
Los recursos
del poeta
El
corazón de lo desconocido:
Arthur Rimbaud
De nadie mejor se puede decir que “el
poeta es el poema” que de Rimbaud. Hablaba de “La visión instantánea que nos
hace descubrir lo desconocido, no en una lejana tierra incógnita, sino en el
corazón mismo de lo inmediato”. Llegar a lo desconocido era la gran meta del
poeta iluminista. “Trabajo para volverme vidente”, escribió en una carta.
Rimbaud explora la mente y el corazón humano. Apunta la palabra Poeta con
mayúscula y se refiere a sus palabras como a un oráculo.
Persecución de la unidad
A diferencia de los poetas que consiguen
formar un todo con la naturaleza, Rimbaud es de los que no encuentran esa
unidad, igual que muchos poetas modernos y a diferencia de los clásicos.
El círculo es la figura que simboliza la
unidad, la armonía con el universo. Ese círculo que estructura las formas y
tranquiliza incluso al artista moderno se encuentra, al fin, en el último verso
de su soneto más conocido, Vocales, y dice:
“¡O, la Omega, rayo violeta de sus
Ojos!”
donde demuestra que este círculo parte
del lenguaje mismo, de la circularidad de la vocal “o”.
Entonces, consigue la unidad,
fundamentalmente, entre lo que expresa y el material empleado para expresarlo.
Vocales
A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul
algún día hablaré de vuestros nacimientos
latentes:
A, negro corsé peludo de las moscas
deslumbrantes
que zumban en torno a pestilencias crueles
golfos de sombra; E, candores de vapores y
tiendas,
lanzas de altivos glaciares, rayos
blancos, escalofríos de umbelas;
I, púrpuras, sangre escupida, reír de
hermosos labios
en la cólera o en las borracheras
penitentes;
U, ciclos, vibraciones divinas de mares
verdosos,
paz de pastos sembrados de animales, paz
de los surcos
que la alquimia imprime en los vastos
frentes estudiosos;
O, supremo Clarín lleno de estridencias
extrañas,
silencios atravesados por Mundos y por
Ángeles:
¡O, la Omega, rayo violeta de sus Ojos!